Pon un P.K. en tu vida
Estoy convencido de que la humanidad se dirige inevitablemente al desastre y no por su intrínseca maldad sino por su inefable inconsciencia que la lleva a llegar tarde a los sucesos más importantes de su devenir aunque uno de esos eventos sea su propia salvación. Mientras no nos atrevemos a hacer nada positivo porque desconfiamos de los que nos acompañan en el curso de la vida, no porque estén dispuestos a hacer el camino con nosotros si no por la intención que tienen al hacerlo.
Yo llegué convencido a la consulta de neurología de que aquellos temblores en mis manos, detectados en la renovación del carnet de conducir podrían ser correspondientes a un temblor esencial, pero mi forma de andar, mi expresión y los temblores me hacían candidato a otro tipo de enfermedad neurodegenerativa.
Cuando la enfermera me entregó la cartilla de mi expediente, grabadas como a fuego, dos letras: P.K., como si quisiera esconder el estigma que acompaña a la enfermedad. Ahora sabía a que atenerme y más después de haberme hecho una resonancia magnética para descartar un tumor cerebral.
Así me incorporé al nutrido grupo de enfemos que ya en la Edad Media formaban coreomanías y se dedicaban a bailar, aunque nunca se ha sabido la causa exacta de esos bailes que no tienen nada que ver con la experiencia de la bailarina Rutileia Campos. que recibió la noticia del parkinson a los 38 años. Así define ella su situación: "Tengo 41 años y soy pedagoga, bailarina, oradora motivacional, agente cultural y usuaria de silla de ruedas debido a la enfermedad de Parkinson temprana. Realicé mi sueño de aprender ballet de adulta, cuando monté un estudio de danza en mi ciudad, Maragogipe, a 142 kilómetros de Salvador, en Bahía."
Esa es la fuerza de voluntad que me gustaría transmitir por medio de este blog que surge con la finalidad de expresar lo que siento y cómo es mi evolución a lo largo del tiempo que me quede por vivir.
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