El sillín de mi bicicleta
Cuando era más joven y pintaba la vida de otro color me gustaba sentarme en el sillín de mi bicicleta (bueno, de la que me había regalado mi hermana) y sentir que todo transcurría más deprisa a mi alrededor. En aquellos tiempos hacíamos mucho cicloturismo. Recorrimos la costa portuguesa, la de Galicia, Soria, el Maestrazgo...Siempre recuerdo que la bicicleta era nuestro medio de transporte favorito. Hacía honor a Agustín García Calvo, autor entre otras cosas de: "Sermón de ser y no ser", "la Comuna Antinacionalista Zamorana"...Era él quien contaba que no convenía ir más de deprisa que un tren antiguo porque como decían los árabes, el alma siempre viaja a la velocidad del camello.
Esa era la velocidad de nuestras bicicletas y del tren, ya desaparecido, Calatayud-Soria que alcanzaba la increible media de 30 kms. por hora y aún menos en la llamada cuesta de La Galiana.. De tal forma que podías bajar del tren, coger unos racimos de uva y volver a tu vagón con tu trofeo. En el último viajes que hice viajábamos en el convoy dos personas en los dos vagones del tren. Nuestra alma llegó a Soria antes que nosotros.
Por eso, a los P.K. no nos conviene correr sino asumir nuestra lentitud y dejar que los acontecimientos tanscurran con esa misma rapidez, para poder integrarlos, hacerlos nuestros.
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